La ortodoncia infantil es una parte esencial del cuidado dental de los más pequeños. Se centra en corregir problemas de alineación y desarrollo óseo en etapas clave del crecimiento. Actuar a tiempo puede evitar complicaciones futuras, mejorando tanto la estética como la salud bucodental. En esta guía te contamos todo lo que necesitas saber como padre o madre.
La ortodoncia infantil es la rama de la odontología que se ocupa del diagnóstico, la prevención y el tratamiento de las maloclusiones —y de los problemas de desarrollo dental y óseo— durante la infancia. Su objetivo principal es conseguir que los dientes y los maxilares estén bien posicionados, garantizando una mordida funcional y una sonrisa sana.
Cada etapa del crecimiento tiene sus particularidades en cuanto a intervención ortodóntica:
La evaluación y el diagnóstico son el punto de partida de cualquier tratamiento ortodóntico. Detectar los problemas a tiempo marca una diferencia enorme en el resultado final.
La primera consulta ortodóntica suele realizarse alrededor de los seis años, cuando los dientes permanentes comienzan a erupcionar. En ella, el especialista evalúa no solo la alineación dental, sino también el crecimiento de los maxilares y la relación entre la mordida superior e inferior.
El ortodoncista cuenta con varias herramientas para obtener una imagen completa de la situación dental del niño. Las radiografías permiten ver la posición de los dientes dentro del hueso y detectar lo que no es visible a simple vista. Los modelos dentales ofrecen una representación en tres dimensiones de la mordida, fundamental para planificar el tratamiento. El examen clínico, además, analiza el funcionamiento de la musculatura y la articulación mandibular.
"Cuanto antes se detecta un problema ortodóntico, más herramientas tenemos para solucionarlo de forma sencilla. En muchos casos, una intervención temprana puede evitar años de tratamiento posterior."
— Dra. Tamara CubinoNo existe un solo tipo de ortodoncia infantil. Los tratamientos se adaptan a la edad, el problema detectado y el grado de desarrollo del niño.
Actúa antes de que aparezcan los problemas, guiando el desarrollo de la dentadura y los maxilares. Incluye mantenedores de espacio —para preservar el hueco de un diente de leche perdido prematuramente— y la corrección de hábitos orales nocivos como la succión del dedo o el uso prolongado del biberón.
Interviene sobre problemas que ya han comenzado a manifestarse, antes de que se vuelvan más graves. En esta fase se usan disyuntores y expansores del paladar para ampliar arcos estrechos, y aparatos funcionales como las máscaras faciales o el twin block para corregir la relación entre los maxilares.
Se aplica cuando los maxilares están más desarrollados y los dientes permanentes ya han erupcionado. Aquí es donde se emplean la ortodoncia fija con brackets metálicos o estéticos, los alineadores transparentes y la ortodoncia invisible con Invisalign. El objetivo es lograr la alineación definitiva de la dentición.
Los brackets metálicos son los más conocidos y eficaces para casos complejos. Los brackets estéticos —de cerámica o zafiro— ofrecen una alternativa menos visible pero igualmente efectiva. Los brackets autoligables eliminan las gomas, reduciendo la fricción y haciendo los ajustes más cómodos.
Los disyuntores y expansores pueden ser removibles en algunos casos, facilitando la higiene oral del niño. Las máscaras faciales, que se utilizan para tratar retrognatismos del maxilar superior, también son removibles y se llevan principalmente durante el sueño.
El twin block es uno de los más utilizados en esta categoría. Está formado por dos piezas —una superior y otra inferior— que trabajan juntas para corregir la posición de la mandíbula y mejorar la relación entre los maxilares. Es especialmente eficaz en niños en plena fase de crecimiento.
Independientemente del tipo de aparato, la higiene es fundamental. Se recomienda usar cepillos específicos para ortodoncia e hilo dental diseñado para pasar entre los brackets. La cera para ortodoncia alivia las rozaduras mientras la mucosa se adapta. Y, sobre todo, es importante seguir al pie de la letra las instrucciones del especialista sobre qué alimentos evitar.
La duración de un tratamiento ortodóntico varía en función de varios factores: la gravedad de la maloclusión, el tipo de aparato elegido, la colaboración del niño y su ritmo de crecimiento. No hay dos casos iguales.
Las visitas regulares al ortodoncista permiten ajustar el tratamiento al ritmo de crecimiento del niño y corregir desviaciones a tiempo. Saltarse citas puede prolongar el tratamiento de forma significativa.
Los beneficios van mucho más allá de la estética. Un tratamiento bien planificado impacta positivamente en la salud general del niño a corto y largo plazo.
Ocurre cuando no hay espacio suficiente en la arcada para todos los dientes. Es uno de los motivos de consulta más frecuentes y tiene solución tanto en fases interceptivas como correctivas.
Los espacios entre dientes son normales en la dentición de leche, pero cuando persisten en la dentición permanente pueden indicar un problema de tamaño dental o de desarrollo maxilar que conviene evaluar.
La mordida abierta —cuando los dientes superiores e inferiores no contactan al cerrar la boca— puede dificultar la masticación y el habla. La mordida cruzada —cuando uno o varios dientes superiores muerden por dentro de los inferiores— puede causar asimetrías en el desarrollo facial si no se corrige a tiempo.
Un maxilar superior que crece en exceso o una mandíbula que se queda corta generan problemas tanto funcionales como estéticos. La ortodoncia interceptiva, actuando mientras el niño está en crecimiento, puede corregir estas alteraciones de forma mucho más eficaz que cualquier tratamiento adulto.
Respirar por la boca de forma crónica —frecuentemente causado por obstrucciones nasales o amígdalas hipertrofiadas— altera la posición de la lengua y el desarrollo de los maxilares. Es un hábito que el ortodoncista puede ayudar a corregir en coordinación con el pediatra o el otorrinolaringólogo.
Los aparatos acumulan más placa y restos de comida que los dientes sin ortodoncia. Es imprescindible cepillarse después de cada comida —incluyendo los dientes, los brackets y las encías— e incorporar el hilo dental y los cepillos interproximales para limpiar los espacios entre dientes y aparato.
Hay que evitar alimentos duros (frutos secos, pan muy crujiente, hielo), pegajosos (caramelos, chicle) o muy fibrosos que puedan doblar el arco o despegar los brackets. Las frutas y verduras duras es mejor comerlas en trozos pequeños o cocidas. Y conviene limitar las bebidas azucaradas y los zumos ácidos que favorecen la aparición de caries.
Es normal sentir algo de presión o incomodidad durante los primeros días tras la colocación o el ajuste de los aparatos. Los analgésicos de venta libre recomendados por el ortodoncista suelen ser suficientes. La cera para ortodoncia alivia las rozaduras hasta que la mucosa se adapta. Si la molestia es intensa o persiste más de una semana, lo mejor es consultar directamente con la clínica.
Escoger bien al ortodoncista es tan importante como el tratamiento en sí. Estos son los aspectos que más influyen en esa decisión:
La mayoría de los especialistas recomiendan una primera evaluación alrededor de los seis años, cuando comienzan a erupcionar los dientes permanentes. Esto no significa que el niño vaya a necesitar aparatos inmediatamente, sino que el ortodoncista puede hacer un seguimiento del desarrollo y actuar en el momento más adecuado.
Es habitual sentir algo de presión o molestia durante los primeros días después de colocar los aparatos o de cada ajuste. No es un dolor intenso y suele ceder en 2-4 días. Los analgésicos habituales lo controlan perfectamente. La cera para ortodoncia ayuda con las rozaduras.
Las maloclusiones no tratadas pueden derivar en desgaste dental irregular, dificultades para masticar o hablar, mayor riesgo de caries y enfermedad periodontal, y problemas en la articulación temporomandibular. Cuanto más tiempo pase sin tratar, más complejo y costoso suele ser el tratamiento posterior.
El coste varía según el tipo de tratamiento, la complejidad del caso y la clínica. Lo más recomendable es solicitar una primera consulta de valoración, donde el especialista puede dar un presupuesto ajustado a la situación concreta de tu hijo. Muchas clínicas ofrecen planes de pago fraccionado.
Sí, aunque depende de la edad y del caso. La ortodoncia invisible es una opción especialmente popular en adolescentes a partir de los 12-13 años, cuando la dentición permanente está más completa. Para niños más pequeños, los aparatos fijos o funcionales suelen ser la opción más indicada.
Licenciada en Odontología por la Universidad de Salamanca, ha completado su formación con un Máster en Ortodoncia y Ortopedia Dentofacial por la Universidad Alfonso X, un curso de ortodoncia práctica avanzada y un Máster de Experta en Invisalign que le proporciona un dominio completo de las técnicas más actuales en el campo. Especialista en ortodoncia invisible y en todo tipo de dispositivos ortodóncicos —fijos y removibles— para el tratamiento de casos de cualquier complejidad. Profesional proactiva y comprometida, pone su sólida experiencia al servicio de sus pacientes en Morales Cervera.